MJ Rodriguez | Ver con los Ojos del Alma
16411
post-template-default,single,single-post,postid-16411,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive
 

Ver con los Ojos del Alma

Ver con los Ojos del Alma

Irene Cerdá tiene 9 años y es ciega. A Antonio Almela, de 45, le falta una mano.

Ella ha conseguido el récord nacional de atletismo en 50 metros y lanzamiento de peso y él, tras vender cupones durante varios años, ha logrado una plaza de maestro.

Ambos tienen una discapacidad que ni les limita ni les hace diferentes. “Normal” es la palabra más usada cuando los entrevisto:

“Me encanta el deporte y soy una niña normal en el cole, soy una alumna más”, afirma Irene, mientras que Antonio reconoce que en sus clases vive “una integración plena, tanto por parte de los alumnos como del resto del profesorado. Hay mucho respeto y cada vez más naturalidad”.

Aunque ellos no lo sepan, están unidos por una organización que lleva 80 años mejorando la calidad de vida de sus afiliados: la ONCE.

Irene en concreto forma parte de su escuela deportiva. Al principio y con tan solo dos años acudía a natación y poco después optó por el atletismo, “algo que le encanta”, reconoce su madre, quien está muy agradecida a esta entidad por la ayuda material y psicológica que reciben: “Con el deporte supera retos, realiza ejercicios de motricidad, de distancia y de equilibrio. Los juegos la ayudan, son buenos para su orientación”, añade.

Antonio, por su parte, era maestro hasta que se le acabó el contrato y “gracias a la ONCE tuve una oportunidad y comencé a trabajar vendiendo cupones. Así he estado 15 años: conociendo gente y llevando un salario a mi casa, me considero un afortunado”.

Se define como una “persona abierta, constante y muy positiva” y eso mismo le llevó a aprobar las oposiciones de la promoción interna y hoy en día es profesor de niños invidentes.

La ONCE apuesta por la inclusión del alumno en la escuela ordinaria y Antonio ofrece apoyo directo “a un chico ciego y varios deficientes visuales con material específico como braille, el aumento de letras o la transcripción de los apuntes”.

Mientras, Irene cursa cuarto de primaria y también cuenta con el apoyo de un profesor dos días a la semana. “Es una niña feliz y sonriente y le gusta rodearse de sus amigas en el colegio. Es intrépida, se prueba día a día y le gusta superarse. También monta en bici, en patinete, le gusta correr y hacer escalada. Eso sí, cuando no le permiten hacer algo se enfada porque ella sabe que es capaz”.

Lo mismo le ocurre Antonio, quien se considera positivo por naturaleza: “Me corté la mano en la carnicería de mis padres cuando tenía 4 años y he sabido vivir sin ella. He sido camarero, cocinero, me propuse ir a la universidad y hoy en día soy padre de tres hijos. Ah, también toco la trompa en la banda de mi pueblo”.

Para él no hay límites, no hay lástimas. Ni para Irene. Si otros niños le preguntan qué le ocurre afirma que tiene “los ojitos malitos”. Otras veces no se anda con ambages y responde: “Es que no veo”.

No recuerda que al nacer tragó meconio y eso le produjo una meningitis, ni que le operaron varias veces: “Para mí es como si no hubiese pasado nada, no entiendo la necesidad de ver. Bueno, veo pero de otra forma”, comenta.

 

-Aparte del deporte, ¿qué más te gusta hacer?

-Leer, el cine… y también me he apuntado a teatro.

-¿Y tienes algún sueño para el futuro?

-¡Me gustaría aprender a conducir!

 

Irene es la menor de tres hermanos y su madre me confiesa que para ella todo este mundo también ha sido un aprendizaje: “Todos en casa sabemos braille y es ella la que nos ha enseñado que no hay límites, que somos los demás quienes los creamos”.

Me atiende con tanta cordialidad y simpatía que al escucharla caigo en la cuenta de los valores tan parecidos que existen entre la una y la otra.

 

– Ella ve la vida de otra manera, lo que mira de las personas es diferente a lo que miramos nosotros, no sé si me entiendes.

-¿Me puedes poner un ejemplo?

-A Irene le da igual si tienes los ojos verdes o marrones. Tiene curiosidad en saberlo pero no necesidad porque eso para ella no es importante.

-¿Tú le describes cómo es ella o cómo viste?

-Sí, le cuento de qué color es su ropa aunque ella se fija en la textura, en el olor, el relieve o el dibujo…

-¿Y en casa? ¿Se orienta o la acompañáis?

-¡Qué va! Irene es muy buena orientándose, anda sin bastón y controla cada rincón. Hombre, si cambiamos algo de sitio sí tropieza y si vamos a una casa ajena le explicamos cómo es y termina habituándose y adaptándose de manera rápida.

 

Agradezco la cercanía con la que responde a mis dudas, intento que la ceguera no sea un tema tabú y ella me ayuda generosamente.

De hecho, acercarme a ellas y entenderlas para transmitirlo a través de estas líneas ha sido posible también gracias a la gala de la ONCE que tuvo lugar hace unos días: la de los Premios Solidarios.

Se entregan desde hace 13 años a las empresas, administraciones públicas o personas físicas que con su trabajo favorecen la integración de las personas con discapacidad en la sociedad.

Yo misma he tenido la suerte de estar “delante y detrás de la cámara” con dichos galardones, es decir: el pasado año en el programa ‘Murcia Conecta’ recibimos el Premio al Medio de Comunicación Solidario 2017 (una distinción que a mí personalmente me dio alas y motivos para seguir apostando por el Periodismo Social como reportera y también a través del presente blog) y este año he formado parte del jurado, algo que supone un auténtico honor y una vía de acceso para acercarme a las vidas de Irene, Antonio, Teresa, Inma, Juan Carlos, Fidel, Nacho, María Dolores o Chafir…

No son personas especiales por su discapacidad sino porque demuestran que no hay barreras y ven con los ojos del alma en una sociedad en la que valoramos el rótulo de las cosas más que las cosas mismas y vivimos más en las ideas o en los prejuicios que en la esencia misma que nos rodea.

6 Comentarios
  • Javier
    Publicado a las 12:58h, 30 octubre Responder

    Soy el padre de Irene. Enhorabuena y muchas gracias.

  • Antonio Almela
    Publicado a las 14:35h, 30 octubre Responder

    Debo reconocer lo grato de los a lagos, pero yo no hago sino recoger el testigo de mi familia en lo personal y del gran equipo de Servicios Sociales y, por ende, de todo el personal que hacemos ONCE en lo profesional para mi crecimiento como persona.
    Agradecerte Maria José por plasmar tan bien el sentimiento que me inunda en el desarrollo de mi trabajo, así como pensar que nuestro testimonio pueda levantar los ánimos de aquellos que, por las más diferentes cuestiones, necesiten saber que querer es poder.
    Has ganado un fiel seguidor y un amigo. GRACIAS

  • Irene
    Publicado a las 16:12h, 30 octubre Responder

    Un reportaje precioso hecho desde el corazón.
    El problema no es la discapacidad en sí, es el prejuicio de los demás hacía la discapacidad, que siempre es por desconocimiento.

  • Isabel
    Publicado a las 22:54h, 30 octubre Responder

    Hoy he cerrado los ojos, los he apretado fuertemente y he intentado ver con los ojos del alma. Como si se tratara del cuento de Oz, en un instante me he sumergido en un mundo lleno de luces y colores. No habían barreras ni existían etiquetas.
    Corría, volaba y todo era posible.
    Al abrirlos pensé que todo había sido un sueño, y quería abrazarlo, tocarlo y saborearlo.
    En él las limitaciones por muy grandes que fueran no tapaban ni ocultaban esas cualidades que salen del esfuerzo y la superación, haciendo que venzas a gigantes, saltes obstáculos y ganes la batalla de la vida. Cualidades que hacen que a los que estamos al lado de héroes cómo Irene y Antonio toquemos las estrellas.
    M.José gracias por saber mirar con los ojos del alma.

  • mT
    Publicado a las 13:56h, 10 noviembre Responder

    No existen las barreras 😊

  • Nacho Garrido Pérez
    Publicado a las 23:30h, 10 noviembre Responder

    Eternamente agradecidos
    Gracias A personas como María José Rodríguez es posible transmitir de forma clara y elocuente El día día de las personas con discapacidad Y la gran labor que los profesionales de la once hacemos diariamente en favor de conseguir una plena inclusión social
    1 millón de gracias a María José Rodríguez y a toda la sociedad murciana que cree en nuestro proyecto

    Nacho Garrido

Deja un comentario